AMIGA
Me visitó un día.
Un día soleado, en que mi casa sonreía con las ventanas abiertas.
Me vino a dar las gracias por un favor que tiempo atrás yo le había hecho.
Platicó brevemente.
Aunque sabía, que solo era su espíritu, la quise detener.
Alargue mi brazo y la pude asir.
Me dijo, suéltame, sabes que me tengo que ir.
Nuestra amistad fue de años.
Se fue tal como llegó, de manera inesperada.
Por la puerta abierta, de par en par.
Mi brazo quedo helado, hasta el hombro, como dormido.
Solo fué un breve, brevísimo contacto, en que la puede atrapar.
La soledad que reposa a mi lado
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Quizá
la penumbra oprime el deseo
como una mano que ahoga una luciérnaga.
Ese sentimiento inmaculado
de amar
no es más que un río que nac...
Hace 3 horas

Te comprendo a la perfección, ese es el mundo real que existe y del que nos olvidamos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ambar.