HOGAR
Cuando regresó el abuelo
tenía más arrugada la piel.
Estaba más llorón.
Y no controlaba sus necesidades.
Lo reconocimos por
su boca desdentada.
Y su afán de ser mimado.
Ahora, solo hay que esperar
que crezca.
Cuando regresó el abuelo
tenía más arrugada la piel.
Estaba más llorón.
Y no controlaba sus necesidades.
Lo reconocimos por
su boca desdentada.
Y su afán de ser mimado.
Ahora, solo hay que esperar
que crezca.

