Latidos de afecto y dulzura gracias por su visita.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Visitas ( 6 )

En sus horas vacías, imaginaba a su hija expuesta a esas influencias… ¿y si su hija también las había descubierto?
¡No! Se lo hubiera contado.
¡Tan unidas que fueron!
Pero…desde que llegó Tita a la casa, habían formado un frente común las jovencitas, donde ella no tuvo cabida.
Y las veces que las escucho a las tres reír, y su hija que se sonrojaba por la nada; sus miradas de entendimiento, sus cambios de carácter…
¡No! no, todo eso fue por la proximidad de la fiesta de sus XV años, no había que agregar más pesar a lo insufrible.
Su niña, su tierna niña, a la que cuidó desde antes de nacer.
Emma ya no dormía. El marido hablaba y hablaba, le recriminaba, pero Emma ni fuerzas tenía para contestarle.
Hasta que una embolia cerebral liberó toda aquella angustia.
Un coagulo destructor, cual rosa roja dentro de su cerebro, aminoró la marcha de Emma.
Cambios en su alcoba matrimonial, par de camas individuales, lo más equidistantes posible.
Los primeros días, el marido entre sollozos le pedía perdón.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Visitas ( 4 )

Una tarde, al regresar la madre de repartir invitaciones, encontró a su niña, a su Lila, tendida, como dormida en el jardín.
No hubo explicación lógica a esa desgracia.
El doctor legista, con frialdad, expidió un certificado de muerte por paro cardiorrespiratorio.
Que yo sepa, nadie que ha muerto, continua latiendo su corazón y respirando.
Sería como decir “el carro se descompuso porque el motor se paro ”.
Pero en fin, eso decía la autopsia.
Emma lloraba y se desahogaba con gritos desgarradores, la casa absorbía grandes dosis de dolor.
A los 6 meses, falleció el Benjamin, se ahogó al comer unos cacahuates y jugar carreras con su tía y con Tita.
Emma silenciosa.
Había pasado la línea de dolor.
Su esposo empezó a descargar su gran tristeza en forma de reproches sobre ella.
-Por tu culpa nuestros hijos murieron, no los cuidaste bien, dejaste que Lila siguiera esa dieta tan extremosa, por eso su corazón sufrió un shock.
Emma callada, no podía darle consuelo, porque ella no lo tenía.
Sentía la cabeza estallar, las pulsaciones en sus sienes, le advertían que estaba al limite.

martes, 1 de septiembre de 2009

Visitas ( 3 )

Tita era muy acomedida, diríase que pecaba por exceso de solicitud, pero Emma apreciaba su ayuda, y se lo demostraba con buenos tratos y regalitos, la vestía y la calzaba, porque Tita eso y más se merecía.
La quinceañera, diremos “Lila” quería lucir preciosa en su fiesta, y un estricto régimen dietético empezó, se veía al espejo, y rubores de niña casta subían a su rostro por la satisfacción que sentía al ver su cuerpo florecer en belleza.
Llegó a decirle a su madre… ¿será pecado que me guste tanto mi cuerpo?
Riendo divertida al ver la sorpresa dibujada en el rostro de su madre, ella misma se respondió…
¡Ay mamá! Sería necia si no estuviera agradecida por los dones que la Naturaleza me ha dado.
Se alejo corriendo, a reunirse con su tía Jacinta y Tita, que por ser jovencitas como ella, pensaba que la entendían mejor que su madre.
Su mamá, ya estaba acostumbrada a sus desplantes… tú no entiendes, ¡quién como mis amigas!
Transcurrían los días alegremente en aquel hogar. Ultimando detalles para el evento.

Portada del libro " Pueblo Viejo"

Portada del libro " Pueblo Viejo"
Laguna de Pueblo Viejo Veracruz